Para expiar sus crímenes, Hércules es condenado a llevar a cabo doce trabajos forzados: Matar al león de Nemea y a la hidra de Lerna, hacerse con el cinturón de la reina de las Amazonas, e incluso amaestrar a Cerbero, el perro guardián de los Infiernos... La alianza de fuerza, astucia y temeridad hacen de Hércules uno de los más célebres personajes mitológicos.
viernes, 24 de enero de 2014
NÉCTAR, AMBROSÍA Y UNAS GOTITAS DE HUMOR: DIVERTIDAS AVENTURAS DE LOS DIOSES
SINOPSIS:
Con un estilo fresco y ameno, con humor y con una buena dosis de fina ironía, David Gómez nos ofrece una irreverente visión de los inquilinos del Olimpo. Sus líos de faldas, sus engaños, sus resquemores, sus venganzas, sus juergas y sus locuras recorren estas páginas siempre del brazo de una sonrisa. Néctar, ambrosía y unas gotitas de humor es así una original e hilarante crónica de los dioses clásicos cuya intención no es otra que la de adentrar a los jóvenes de hoy en los temas más atractivos y actuales del Mundo Antiguo como fuente inagotable de nuestra propia cultura.
JASÓN Y LOS ARGONAUTAS
SINOPSIS:
Durante cerca de tres mil años, el mito de Jasón y los argonautas ha fascinado a las gentes de toda Europa con su cautivadora sucesión de maravillas. En compañía de los hombres más valientes de Grecia, el joven Jasón emprende un largo viaje hasta el lejano país de la Cólquide con el objeto de conquistar una valiosa reliquia que ha cobrado fama en todo el mundo: el vellocino de oro.
Durante el viaje, los héroes topan con los más variados peligros: monstruos feroces, despiadados tiranos, dioses ofendidos que levantan terribles tempestades, rocas que entrechocan cuando un barco se acerca... Para sobrevivir a ese sinfín de adversidades, Jasón y los argonautas tendrán que echar mano de su sagacidad y su astucia, su resistencia y su fuerza.
Y con el apasionante ejemplo de su aventura acabarán por demostrarnos que en esta vida no hay nada imposible para los hombres y mujeres que tienen un corazón tenaz.
En Jasón y los Argonautas, James Riordan ha fusionado con magistral pulso narrativo los hechos narrados en las Argonáuticas de Apolonio de Rodas con otros relatos de la tradición mitológica a fin de ofrecernos una narración completa de la vida de Jasón, que incluye su nacimiento, su portentoso viaje en busca del vellocino de oro y el trágico desenlace de su vida.
lunes, 13 de enero de 2014
EL HIJO DE SANDOKAN
SINOPSIS:
Gibraltar, 1913: un joven marinero español, aquejado por las deudas, se embarca, contratado como timonel para una travesía de seis meses a cambio de cien libras esterlinas, en un navío inglés, el Ciudad de Bristol, con destino al Sultanato de Brunei. La tripulación está formada por oficiales europeos y por una «turba de nacionalidades» especialmente de tagalos filipinos y borneanos con el cuerpo cubierto de tatuajes. Así comienza El hijo de Sandokán, un relato de aventuras que nos llega mediante un misterioso envío, un diario de a bordo que recibe Juan Madrid y en el que se recupera el espíritu de su héroe por antonomasia, Sandokán, a través de su valiente hijo y de los intrépidos Tigres de Mompracem que vuelven a luchar contra el colonialismo inglés sobre las azules aguas del Mar de China. Ningún ingrediente falta en esta vertiginosa narración: corsarios con ojos de fuego, rebeliones a bordo, hambre y vejaciones, audaces abordajes, tempestades y naufragios, días de extravío por la impenetrable jungla bajo la amenaza de los caníbales, barcos con nombres de misteriosas mujeres que rememoran pasiones como la que vivió Sandokán con la inolvidable Mariana, la perla de Labuán. Ni siquiera olvida el autor la historia de una profunda amistad, la que nacerá entre el joven marino Salvador y Kemal, jefe del Ejército de Liberación de los Sultanatos Independientes. Ciento cuarenta años después del nacimiento de Emilio Salgari, Juan Madrid rinde su particular y sentido homenaje al creador de esas aventuras inolvidables que colmaron nuestra niñez de paisajes exóticos, de amor y amistad, de valentía, de riesgo, de una profunda libertad.
NAVES NEGRAS ANTE TROYA (Adaptación de la Ilíada)
SINOPSIS:
Es una adaptación para gente joven de la Ilíada. Una historia de guerra en la que se mezcla la mitología griega y la gesta humana.
Las naves griegas atracan frente a la ciudad de Troya con la intención de recuperar a Helena, esposa del rey griego Menelao, que fue secuestrada por Paris hijo del rey de Troya.
Entre las páginas de esta adaptación, encontrarás mucha acción. Engaños, traiciones, actos de valor y también viles. Conocerás esas historias de las que has oído hablar muchas veces: Aquiles y su invulnerabilidad. Héctor y Áyax dos valerosos guerreros, héroes enfrentados en duelo que no temen la muerte. Lacoonte y sus hijos deborados por un extraordinario reptil. Los ingenios de Ulises y el famoso Caballo de Troya. Pactos al límite del desastre que hacen virar el rumbo de la batalla.
Entre las páginas de esta adaptación, encontrarás mucha acción. Engaños, traiciones, actos de valor y también viles. Conocerás esas historias de las que has oído hablar muchas veces: Aquiles y su invulnerabilidad. Héctor y Áyax dos valerosos guerreros, héroes enfrentados en duelo que no temen la muerte. Lacoonte y sus hijos deborados por un extraordinario reptil. Los ingenios de Ulises y el famoso Caballo de Troya. Pactos al límite del desastre que hacen virar el rumbo de la batalla.
Se trata de una historia vieja que describe el corazón del hombre de todos los tiempos. Sacrificios inútiles de unos hombres que afrontan su destino guiados muchas veces por un corazón corrompido y, otras, por valores dignos de un monumento.
LAS AVENTURAS DE ULISES (adaptación de La Odisea)
SINOPSIS:
Ulises se dispone a volver a Ítaca después de luchar en la batalla de Troya. Durante su viaje se topó con la isla de Tracia y con otra, que hizo perder la memoria a algunos de sus hombres. Después alcanzaron otra isla, en la que se encontrarían a un cíclope, quien les tuvo encerrados. Después escaparon y Poseidón se enfadó porque Ulises hirió a su hijo. Otra vez zarparon y llegaron a Eolia, y Eolo les dio provisiones y un odre que no debían abrir hasta que no estuvieran en Ítaca. Pero antes de llegar, su tripulación la abrió…Desencadenó una tormenta y volvieron a Eolia, pero esta vez sin ayuda de Eolo. Terminaron en otra isla en la que no fueron bien recibidos, al huir, sólo quedaba una tripulación. Después, en la isla de Circe, sus hombres fueron convertidos en cerdos, menos Eurícolo, que hizo posible el rescate. Entonces partió al Reino de los Muertos para que Tiresias previera su regreso. Seguidamente, Ulises partió y consiguió atravesar las sirenas. Después decidieron enfrentarse a Escila de entre el Remolino de Caribdis y los arrecifes. Y después pasaron por la isla de las Vacas del Sol, y Ulises, el único superviviente, esperó en la isla de Calipso. Mientras Telémaco buscaba a su padre. Gracias a Hermes, Ulises escapó de la isla, pero su barco se hundió e Ino le ayudó. Llegó a Reacia, donde la hija del rey le ayudó. Y allí celebró unos juegos para demostrar su honor y partió con muchos regalos. Sin darse cuenta llegó a su tierra, donde para no ser visto, Ateneas le disfrazó de mendigo. También hizo que Telémaco regresara, y junto a Eumeo y a Filetio, después de descubrir quien era, tramaron un plan. Penélope, cansada, propuso matrimonio a quien ganara el concurso de tiro con arco. Entonces Ulises, cogió el arco y empezó a matar a los pretendientes. Penélope afirmó que era Ulises y lo recibió con cariño. Mientras Ulises visitaba a su padre los familiares fueron a vengarse y en la pelea, Atenas pidió calma.
jueves, 19 de diciembre de 2013
¡ FELIZ NAVIDAD!
Canción de Navidad de Charles Dickens
Empecemos por decir que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda. Firmaron la partida de su enterramiento el clérigo, el sacristán, el comisario de entierros y el presidente del duelo. También la firmó Scrooge. Y el nombre de Scrooge era prestigioso en la Bolsa, cualquiera que fuese el papel en que pusiera su firma.
El viejo Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.
¡Bueno! Esto no quiere decir que yo sepa por experiencia propia lo que hay particularmente muerto en el clavo de una puerta; pero puedo inclinarme a considerar un clavo de féretro como la pieza de ferretería más muerta que hay en el comercio. Mas la sabiduría de nuestros antepasados resplandece en los símiles, y mis manos profanas no deben perturbarla, o desaparecería el país. Me permitiré. pues, repetir enfáticamente que Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.
¿Sabía Scrooge que aquél había muerto? Indudablemente. ¿Cómo podía ser de otro modo? Scrooge y él fueron consocios durante no sé cuántos años. Scrooge fue su único albacea, su único administrador, su único cesionario, su único legatario universal, su único amigo y el único que vistió luto por él. Pero Scrooge no estaba tan terriblemente afligido por el triste suceso que dejara de ser un perfecto negociante, y el mismo día del entierro lo solemnizó con un buen negocio.
La mención del entierro de Marley me hace retroceder al punto de partida. Es indudable que Marley había muerto. Esto debe ser perfectamente comprendido; si no, nada admirable se puede ver en la historia que voy a referir. Si no estuviéramos plenamente convencidos de que el padre de Hamlet murió antes de empezar la representación teatral, no habría en su paseo durante la noche, en medio del vendaval. por las murallas de su ciudad, nada más notable que lo que habría en ver a otro cualquier caballero de mediana edad temerariamente lanzado, después de obscurecer, en un recinto expuesto a los vientos -el cementerio de San Pablo, por ejemplo-, sencillamente para deslumbrar el débil espíritu de su hijo.
Scrooge no borró el nombre del viejo Marley. Permaneció durante muchos años esta inscripción sobre la puerta del almacén: "Scrooge y Marley". La casa de comercio se conocía bajo la razón social "Scrooge y Marley". Algunas veces los clientes modernos llamaban a Scrooge Scrooge y otras veces Marley: pero él atendía por ambos nombres. Todo era lo mismo para él.
¡Oh! Pero Scrooge era atrozmente tacaño, avaro, cruel, desalmado, miserable, codicioso. incorregible, duro y esquinado como el pedernal, pero del cual ningún eslabón había arrancado nunca una chispa generosa; secreto y retraído y solitario como una ostra. El frío de su interior le helaba las viejas facciones. le amorataba la nariz afilada, le arrugaba las mejillas, le entorpecía la marcha, le enrojecía los ojos, le ponía azules los delgados labios; hablaba astutamente y con voz áspera. Fría escarcha cubría su cabeza y sus cejas y su barba de alambre. Siempre llevaba consigo su temperatura bajo cero; helaba su despacho en los días caniculares y no lo templaba ni un grado en Navidad.
El calor y el frío exteriores ejercían poca influencia sobre Scrooge. Ningún calor podía templarle, ninguna temperatura invernal podía enfriarle. Ningún viento era más áspero que él, ninguna nieve más insistente en sus propósitos, ninguna lluvia más impía. El temporal no sabía cómo atacarle. La más mortificante lluvia, y la nieve, y el granizo, y el agua de nieve, podían jactarse de aventajarle en un sola cosa: en que con frecuencia "bajaban" gallardamente, y Scrooge, nunca.
Jamás le detuvo nadie en la calle para decirle alegremente: "Querido Scrooge, ¿cómo estáis? ¿Cuándo iréis a verme?" Ningún mendigo le pedía limosna, ningún niño le preguntaba qué hora era, ningún hombre ni mujer le preguntaron en toda su vida por dónde se iba a tal o cual sitio. Aun los perros de los ciegos parecían conocerle, y cuando le veían acercarse arrastraban a sus amos hacia los portales o hacia las callejuelas, y entonces meneaban la cola como diciendo: "Es mejor ser ciego que tener mal ojo".
¡Pero qué le importaba a Scrooge! Era lo que deseaba: seguir su camino a lo largo de los concurridos senderos de la vida, avisando a toda humana simpatía para conservar la distancia.
Una vez, en uno de los mejores días del año, la víspera de Navidad, el viejo Scrooge se hallaba trabajando en su despacho. Hacía un tiempo frío, crudísimo y nebuloso, y podía oír a la gente que pasaba jadeando arriba y abajo, golpeándose el pecho con las manos y pateando sobre las piedras del pavimento para entrar en calor. Los relojes públicos acababan de dar las tres: pero la obscuridad era casi completa -había sido obscuro todo el día-, y por las ventanas de las casas vecinas se veían brillar las luces como manchas rubias en el aire moreno de la tarde. La bruma se filtraba a través de todas las hendeduras y de los ojos de las cerraduras, y era tan densa por fuera que, aunque la calleja era de las más estrechas, las casas de enfrente se veían como meros fantasmas. A1 ver cómo descendía la nube sombría, obscureciéndolo todo, se habría pensado que la Naturaleza habitaba cerca y que estaba haciendo destilaciones en gran escala.
Scrooge tenía abierta la puerta del despacho para poder vigilar a su dependiente, que en una celda lóbrega y apartada, una especie de cisterna, estaba copiando cartas. Scrooge tenía poquísima lumbre, pero la del dependiente era mucho más escasa: parecía una sola ascua; mas no podía aumentarla, porque Scrooge guardaba la caja del carbón en su cuarto, y si el dependiente hubiera aparecido trayendo carbón en la pala, sin duda que su amo habría considerado necesario despedirle. Así, el dependiente se embozó en la blanca bufanda y trató de calentarse en la llama de la bujía: pero, como no era hombre de gran imaginación: fracasó en el intento.
-¡Felices Pascuas, tío! ¡Dios os guarde! -gritó una voz alegre.
Era la voz del sobrino de Scrooge, que cayó sobre él con tal precipitación. que fue el primer aviso que tuvo de su aproximación.
-¡Bah! --dijo Scrooge-. ¡Patrañasl
Este sobrino de Scrooge se hallaba tan arrebatado a causa de la carrera a través de la bruma y de la helada, que estaba todo encendido: tenía la cara como una cereza, sus ojos chispeaban y humeaba su aliento.
-Pero. tío: ¿una patraña la Navidad? -dijo el sobrino de Scrooge-. Seguramente no habéis querido decir eso.
-Sí -contestó Scrooge-~. ¡Felices Pascuas! ¿Qué derecho tienes tú para estar alegre? ¿Qué razón tienes tú para estar alegre? Eres bastante pobre.
-¡Vamos! -replicó el sobrino alegremente-. ¿Y qué derecho tenéis vos para estar triste? ¿Qué razón tenéis para estar cabizbajo? Sois bastante rico.
No disponiendo Scrooge de mejor respuesta en aquel momento, dijo de nuevo: "¡Bah!" Y a continuación: "¡Patrañas!"
-No estéis enfadado, tío -dijo el sobrino. -¿Cómo no voy a estarlo -replicó el tío- viviendo en un mundo de locos como éste? ¡Felices Pascuas! ¿Buenas Pascuas te dé Dios! ¿Qué es la Pascua de Navidad sino la época en que hay que pagar cuentas no teniendo dinero; en que te ves un año más viejo y ni una hora más rico: la época en que, hecho el balance de los libros, ves que los artículos mencionados en ellos no te han dejado la menor ganancia después de una docena de meses desaparecidos? Si estuviera en mi mano -dijo Scrooge con indignación-, a todos los idiotas que van con el ¡Felices Pascuas! en los labios los cocería en su propia substancia y los enterraría con una vara de acebo atravesándoles el corazón. !Eso es!
-¡Tío! --suplicó el sobrino.
-¡Sobrino! -repuso el tío secamente-. Celebra la Navidad a tu modo y déjame a mí celebrarla al mío.
-¡Celebrar la Navidad! -repitió el sobrino de Scrooge-. Pero vos no la celebráis.
-Déjame que no la celebre -dijo Scrooge- ¡Mucho bien puede hacerte a ti! ¡Mucho bien te ha hecho siempre!
-Hay muchas cosas que podían haberme hecho muy bien y que no he aprovechado, me atrevo a decir -replicó el sobrino-. entre ellas la Navidad. Mas estoy seguro de que siempre, al llegar esta época, he pensado en la Navidad, aparte la veneración debida a su nombre sagrado y a su origen, como en una agradable época de cariño, de perdón y de caridad; el único día, en el largo almanaque del año, en que hombres y mujeres parecen estar de acuerdo para abrir sus corazones libremente y para considerar a sus inferiores como verdaderos compañeros de viaje en el camino de la tumba y no otra raza de criaturas con destino diferente.
Así, pues, tío, aunque tal fiesta nunca ha puesto una moneda de oro o de plata en mi bolsillo, creo que me ha hecho bien y que me hará bien, y digo: ¡Bendita sea!
El dependiente, en su mazmorra, aplaudió involuntariamente: pero, notando en el acto que había cometido una inconveniencia, quiso remover el fuego y apagó el último débil residuo para siempre.
-Que oiga yo otra de esas manifestaciones -dijo Scrooge- y os haré celebrar la Navidad echándoos a la calle. Eres de verdad un elocuente orador -añadió, volviéndose hacía su sobrino-. Me admira que no estés en el Parlamento.
-No os enfadéis, tío. ¡Vamos, venid a comer con nosotros mañana!
Scrooge dijo que le agradaría verle... Sí, lo dijo. Pero completó la idea, y dijo que antes le agradaría verle... en el infierno.
-Pero, ¿por qué? -gritó el sobrino--. ¿Por qué?
-¿Por qué te casaste? -dijo Scrooge. -Porque me enamoré.
-¡Porque te enamoraste! -gruñó Scrooge, como si aquello fuese la sola cosa del mundo más ridícula que una alegre Navidad-. ¡Buenas tardes!
-Pero, tío, si nunca fuisteis a verme antes, ¿por qué hacer de esto una razón para no ir ahora?
-Buenas tardes -dijo Scrooge.
-No necesito nada vuestro: no os pido nada; ¿por qué no podemos ser amigos?
-Buenas tardes --dijo Scrooge.
-Lamento de todo corazón encontraros tan resuelto. Nunca ha habido el más pequeño disgusto entre nosotros. Pero he insistido en la celebración de la Navidad y llevaré mi buen humor de Navidad hasta lo último. Así, ¡Felices Pascuas. tío!
-Buenas tardes --dijo Scrooge. -¡Y feliz Año Nuevo! -Buenas tardes -dijo Scrooge.
Su. sobrino salió de la habitación, no obstante,. sin pronunciar una palabra de disgusto. Detúvose en la puerta exterior para desearle felices Pascuas al dependiente, que, aunque tenía frío, era más ardiente que Scrooge, pues le correspondió cordialmente.
-Este es otro que tal -murmuró Scrooge, que le oyó-; un dependiente con quince chelines a la semana, con mujer y con hijos. hablando de la alegre Navidad. Es para llevarle a una casa de locos.
Aquel maniático. al despedir al sobrino de Scrooge, introdujo a otros dos visitantes. Eran dos caballeros corpulentos, simpáticos. y estaban en pie, descubiertos, en el despacho de Scrooge.
Tenían en la mano libros y papeles y se inclinaron ante él.
-Scrooge y Marley. supongo -dijo uno de los caballeros, consultando una lista-: ¿Tengo el honor de hablar al señor Scrooge o al señor Marley?
-El señor Marley murió hace siete años -respondió Scrooge-. Esta misma noche hace siete años que murió.
-No dudamos que su liberalidad estará representada en su socio superviviente --dijo el caballero, presentando sus cartas credenciales.
Era verdad. pues ambos habían sido tal para cual. A1 oír la horrible palabra "liberalidad", Scrooge frunció el ceño, meneó la cabeza y devolvió al visitante las cartas credenciales.
-En esta alegre época del año, señor Scrooge dijo el caballero. tomando una pluma-, es más necesario que nunca que hagamos algo en favor de tos pobres y de los desamparados, que en estos días sufren de modo atroz. Muchos miles de ellos carecen de lo indispensable; cientos de miles necesitan alivio, señor.
-¿No hay cárceles? -preguntó Scrooge. -Muchísimas cárceles -dijo el caballero, dejando la pluma.
-¿Y casa de corrección? -interrogó Scrooge. ¿Funcionan todavía?
-Puncionan, sí, todavía -contestó el caballero--. Quisiera poder decir que no funcionan.
-¿El Treadmill y la Ley de Pobreza están, pues. en todo su vigor?-- dijo Scrooge.
--Ambos funcionan continuamente, señor. -¡Oh', tenía miedo. por lo que decíais al principio. de que hubiera ocurrido algo que interrumpiese sus útiles servicios -dijo Scrooge-. Me alegra mucho saberlo.
-Persuadido de que tales instituciones apenas pueden proporcionar cristiana alegría a la mente o bienestar al cuerpo de la multitud ---continuó el caballero-, algunos de nosotros nos hemos propuesto reunir fondos para comprar a los pobres algunos alimentos y bebidas y un poco de calefacción. Hemos escogido esta época porque es, sobre todas. aquella en que la Necesidad se siente con más intensidad y la Abundancia se regocija. ¿Con cuánto queréis contribuir?
-¡Con nada! -replicó Scrooge.
. -¿Queréis guardar el anónimo?
-Quiero que me dejéis en paz --dijo Scrooge-. Puesto que me preguntáis lo que quiero, señores. ésa es mi respuesta. Yo no celebro la Navidad. y no puedo contribuir a que se diviertan los vagos; ayudo a sostener los establecimientos de que os he hablado... y que cuestan bastante; y quienes estén mal en ellos, que se vayan a otra parte.
-Muchos no pueden, y otros muchos preferirán morir.
-Si prefieren morir -dijo Scrooge-, es lo mejor que pueden hacer y así disminuirá el exceso de población. Además, y ustedes perdonen, no entiendo de eso.
-Pues.. debierais entender -hizo observar el caballero.
-No es de mi incumbencia -replicó Scrooge-. Un hombre tiene bastante con preocuparse de sus asuntos y no debe mezclarse en los ajenos. Los míos me absorben por completo. ¡Buenas tardes, señores!
Comprendiendo claramente que sería inútil insistir, los dos caballeros se marcharon. Scrooge reanudó su tarea con mayor estimación de sí mismo y más animado de lo que tenía por costumbre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



.jpg)


